miércoles 12 de enero de 2011

El pelo en la oreja.


Hoy gran inauguración de fábrica de mermeladas "El Pelo en la Oreja" atendido por sus propios perros, el de la pata coja y el de la cola renga, con gran dedicación y experiencia en la preparación de dulces y jaleas, licuados, mejunjes varios y otras concentraciones alimenticias que por suerte hasta ahora han sido siempre una delicia.
Acérquese nomás señora usted la de la cucha pastel y usted también el belga pastor y por qué no usted también el señor del trineo, prueben una cuchara de energía vivificante, de fruta concentrada y azúcar refinada, con melón tonificante, para paladar negro, de higo, de calabaza, de vainilla, de zarzaparrilla y hasta de cordones de zapatilla.
Compren sus envases o traigan sus frascos, compren por kilo, por litro o por metro pero por favor compre acá adentro, compre convencido, compre tranquilo, en efectivo o pídame un crédito.
Prueben productos manufacturados con celo y con rabia, con tesón y atención pero nunca en babia, si quiere le hacemos mermelada de carne, de pulpa picada, de pulpo con ojos con manos y con patas, con todo lo que se mueve, con todo lo que se arrastra, ningún bicho se nos escapa que desde adentro no abren la tapa.
Recuerden hacer su pedido para este domingo, para la tarta de fresas, para el té canasta, para todas las fiestas de Enero y Febrero, y el resto del año, para el cumpleaños de los seis cachorros, para la caza del zorro, para la carrera del galgo, para toda ocasión mermelada en camión, le hacemos el envío, le dejamos recibo, le limpiamos la mesa, llenamos despensas, rellenamos pasteles, cosemos manteles, hacemos todo lo que su suegra no quiere. Así que recuerde, ténganos en cuenta, para su mermelada no de muchas vueltas, péguese un trote y tráigase al dueño, acérquese sin miedo y compre nomás en "El Pelo en la Oreja".

viernes 16 de abril de 2010

Qué pánico escénico!


Viene un perro amante del peligro y sin dubitarlo dos veces ni pensarlo tampoco, dobla pegado a una columna y se mete, sin querer sabiendo, adentro de un cine por la puerta trasera que dá al callejón por el que venia siguiéndole el rastro a un papel de diario sabor costeleta.
Y en la oscuridad plateada atrás de la pantalla hay un monstruo enorme que espera su turno para meterse en la película de la matiné, que es cuando van los chicos y comen maní con cáscara de chocolate, si es que el padre quiere y les compra.
En fin, dice el monstruo, yo acá todo maquillado hasta los colmillos y viene este perro amante del peligro y me huele las patas (porque un monstruo no tiene pies si no andaría en zapatillas) y me hace perder la entrada a escena, el héroe se me escapa en auto,los chicos aplauden cuando deberían esconderse abajo de las butacas y esto así no puede ser, que para algo se me paga.
Pero el perro amante del peligro se queda porque nunca ha olfateado un monstruo y menos uno tan peludo ni tan fiero con olor a champú de radicheta, que le deja el pelo más monstruoso. Se sienta enfrente con ojos como faroles de colectivo sin mover la cola pero más atento que gato en pescadería o hasmter en verdulería o chico en juguetería.
Entonces el monstruo dice basta, tengo que trabajar. Se mete de cabeza en la película y empieza actuar con convicción, pero resulta que el héroe no se asusta, todos los actores se le escapan del laberinto, todo el mundo en el cine tira papelitos y se mata de la risa cada vez que gruñe o aparece de la nada. No hay caso, dice cuando se da cuenta de que el perro lo ha seguido a todas partes por toda la película, no se le puede tener miedo a un monstruo con mascota vacunada, aunque un perro es un poco como un monstruo con el que hemos hecho las paces.
Así completa y totalmente triste termina la película y el monstruo vuelve atrás de la pantalla, mutis por el foro. Se come todas las garras por los nervios pensando en que lo van a echar inmediatamente o un día de estos. Pero al rato le llega un telegrama de Hollywood donce dice:
"Se reconoce aptitud para la comedia del dúo cánido-monstruoso, ofrécese contrato con película a estrenar y departamento dos ambientes con cucha opcional y balcón mirando al mar o al río, como usted prefiera. Mandamos fotógrafo para póster, vestirse para la ocasión con mocasines."
Y como el monstruo no tiene mocasines sale corriendo a la zapatería, pero más bien contento porque va a poder dejar de asustar todos los días, lo que no está mal pero le deja la garganta a la miseria.
- Quedáte acá - le dice al perro -no te vayas todavía. Me compro mocasines, una corbata y vuelvo.
Y el perro se queda pero protesta poco convencido:
- Pucha, a mi me gustaban las de pistoleros.

viernes 1 de mayo de 2009

El monstruo del frío.


Otra vez han decretado la llegada del invierno que es un monstruo con mil colas que descansa en el sótano debajo de casa más o menos unos meses, incluyendo la primavera y el verano y un mordisco del otoño.
Se ha cortado la calefacción del viejo edificio que crujió con un suspiro de ladrillo, como si fuera a quebrarse al darse por vencido despúes de otra fragua bajo la nieve, la lluvia y el granizo contra el yunque del viento. Es el mismo estremecimiento o escalofrío que siente uno cuando no quiere ir a la escuela y le sacan la frazada de un tirón.
Pero, como hemos dicho, habita el monstruo del frío en sus entrañas, las del edificio, que es decir el sótano y las bicicletas, los guantes y las raquetas siempre tiritando a pesar de que arriba la gente ya ha cerrado las ventanas y la poca luz tibia se cuela con millones de partículas cuando alguien sacude un almohadón y los gatos descansan amodorrados tras los vidrios.
Los perros son más de dormir al ras del suelo y además algo raro huelen porque no confian en los cambios de estaciones tan precisos. Los olores de la primavera no se han destapado y ellos lo saben porque el aire es la avenida de los olores, así como el agua lo es para los peces que nadan y flotan y van de un lado a otro como van los perfumes de los brotes nuevos de los tilos del parque a tu casa, o de la plaza al parque, o de la calle a la ventana.
De noche el monstruo del invierno se disfraza de fantasma y trepa por las escaleras con sus manos viejas y deja un rastro de escarcha y telaraña. De a poco se va volviendo tibio, pero no tanto como para esfumarse. Nadie se levanta descalzo todavía por temor a enfriarse la panza, a sentir el mismo escalofrío que te hace volver corriendo al ovillo caliente de la cama y taparte la cara con la frazada, por las dudas, aunque no sirva de nada.
A veces el monstruo-fantasma se mete por abajo de la puerta y por eso las madres andan montando guardia armados con capas extras de abrigo, pero cuando la guardia sueña o es muy temprano en la madrugada (cuando se pone todo color violeta) viene el perro de hocico congelado y se sube al pie de la cama dispuesto a calentar los pies pequeños como empanadas.
Y pese que a un perro no le guste más que dormir al ras del suelo, cumpliendo su deber, un perro siempre hace lo que tiene que hacer.

lunes 23 de marzo de 2009

El perro azul en la luna blanca en el espacio negro.


El cielo es azul, el espacio es negro y la luna es blanca. Y en la luna blanca vive un perro azul.
Esto es así por ninguna razón aparente. Pero en el espacio tiene que haber una explicación
científica porque el espacio, aún estando vacío, desafía toda explicación. Por eso tenemos que explicarlo.
Digamos que al perro azul esto poco le importa. Lo único que le importa al perro
azul que vive en la luna es caminar de un lado al otro. La luna está hecha de un material blanco o gris que a veces se deposita en grandes superficies planas y tiene la consistencia de la harina antes de hacer las tortas fritas o el engrudo. Otras veces es solamente roca. El perro sabe que si camina por la harina sus patas apenas hacen ruido, un ruido apenas como cuando uno camina por la arena.
No hace falta ir al mar para pisar la arena, en realidad no hace falta ir a ninguna playa ni tampoco caminar cinco cuadras hasta la plaza, simplemente basta con ir a la arena del vecino, ese que se está construyendo una habitación nueva en la terraza, y caminar por la pequeña montaña que le ha dejado un camión esta mañana. Es exactamente como caminar por la luna, al menos por la parte blanda.
Por la parte dura las patas del perro hacen el mismo ruido que puede hacer un perro caminando por las baldosas en un patio de la Tierra, en este aspecto no hay casi diferencia, aunque cualquier científico podría argumentar que en la luna no existe atmósfera por lo tanto el único ruido que produce el perro existe en nuestra propia imaginación, que está adentro de la cabeza.
Esto está muy bien y puede muy bien ser cierto, pero al perro azul poco le interesa.
Además yo he sabido de un científico que de día trabajaba en un laboratorio escribiendo teorías de lo más interesantes y científicas y por las noches escribía cuentos sin razón y le leía otros cuentos más increíbles a sus sobrinos, los hijos de su hermana, y vivían todos muy contentos sin ninguna preocupación y no por andar pensando cosas no científicas empezaban a flotar o a dejar de estar fuera de las leyes de la naturaleza.
Lo mismo para el perro azul, se encuentra tan sujeto a estas leyes que todo lo que podamos decir sobre él es cierto y al mismo tiempo tan increíble que nos ayudará a pensar dos veces las cosas que decimos antes de decirlas.

Pero el perro azul existe, leyes de la naturaleza o no, y su principal propósito en la luna es la de servir de hogar a las pulgas espaciales. El perro camina por la luna, las pulgas caminan por el perro y todos se agarran como pueden para no salir a flotar por la galaxia.
Esa es en realidad la versión de las pulgas que son perrocentristas, creen que todo gira en torno al perro ya que, afirman, la cola también gira en torno al perro y el perro, a su vez, gira en torno al perro cuando se persigue la cola.
Las pulgas tienen también pulgas de ciencia con guardapolvos blancos que escriben todas estas teorías en pizarrones negros con tiza blanca y, de paso, escriben cálculos para medir la circunferencia del perro.
Todo esto es cierto pero, como diría el científico del laboratorio, totalmente irrelevante porque las pulgas ignoran que están todos juntos en la luna, no sospechan que están en el espacio y no tienen ni idea de que lejos, en la Tierra, hay otros perros y otras pulgas con, a lo mejor, otras ideas. En este caso las ideas de las pulgas no son tan importantes porque no afectan de ninguna manera al perro. El perro azul bien podría no tener ninguna pulga e incluso se rascaría más contento.
El perro azul da vueltas por la luna buscando un hueso que no puede encontrar. Hace tanto tiempo que el perro azul vive en la luna que ya se ha cansado de escarbar y de cavar y de remover harina lunar y arena espacial y de apilar rocas de un lado y piedras del otro. Esos son los mares de la luna (la cara y el dibujo del conejo que vemos sobre la superficie irregular del satélite), todo el desastre que ha dejado el perro buscando el susodicho hueso.
El problema es cuando vuelva el dueño y encuentre semejante desparramo. Vamos a enterarnos de que el dueño ha vuelto por cómo corre y se escapa el perro y deja una blanca polvareda como un estela saliendo de la luna sobre el cielo, sobre el fondo del espacio negro.
El hombre de ciencia podrá decir mientras hace su trabajo en el laboratorio que el perro azul que anda por la luna no existe, porque la luna en realidad no tiene dueño y no hay nadie que se haya ido a hacer ningún mandado y que, en todo caso, si fuera alguien responsable debería haber dejado al perro atado o con correa.
Esto muy bien podría ser verdad y hasta digamos que ser cierto, pero tengo una prueba para constatar la veracidad de mi historia, de que en la luna anda un perro azul y suelto, y es que todo es cierto porque tengo un millón de testigos:
todos los perros que ladran de noche hacia la luna, porque saben que allá arriba anda un perro azul que, cuando no anda ocupado en sus trabajos, mira para abajo y les devuelve, uno por uno, los ladridos.

jueves 22 de enero de 2009

Cazadog

Tigre planchado, zorro de agua, yacaré ámbar, grulla que engulle una rana arrugada, gallineta fina en chancleta, aguará que no aguarda, chingolo chingolito copete pinchito, a todos apunta el perro que caza, cazador con las botas más largas que todas sus patas, cazando en la selva de al lado cruzando la vía busca un trofeo para adornar el living de casa.
Avanza confiado muy bien enfilado, sombrero de corcho, munición en el bolso, hocico camuflado e imita el llamado del pato laqueado, del durazno en almíbar, del reptil en salmuera y del loro enjaulado.
Por mucho esfuerzo que haga la selva se salva, la brújula de tanto dar vueltas siempre apunta a casa y ya está pensando en dedicarse a la pesca de alta montaña, atrapar la cabeza de una mojarra y hacerse un chaleco de finas escamas, relumbrar alumbrado en el baile del fin de semana, ponerse el perfume de un cornalito, peinarse la melena con la piel aceitosa de una morena, poner de moda entre los perros modernos los bigotes moncholo, el anzuelo en el ojo, el tatuaje del ancla y darse una vuelta en el motor de una lancha.

Así que deja todo y se va para el río donde apenas se compra por falta de plata medio mediomundo donde se le cuelan las rayas, se le escapan hasta las viejas más viejas del agua que bailan y hacen ruido a enaguas blindadas.

Cazador fracasado y pescador sin constancia se dirije a la rotiseria del barrio antes de que el hambre lo atrape y se pide por las dudas la presa más buscada pero además la fiera que nunca se escapa: en bandeja de loza y con cuatro patas, un pollo común y silvestre al espiedo con papas.

martes 2 de diciembre de 2008

Llamado a la solidradidad

Se ha encontrado perro come helechos sin documentación escarbando en jardín de familia sin preparación a la altura de la Calle Ornamentación y Avenida del Parral, esquina nor-noroeste sin inclinación, pero con adoquines y empedrado y una chapa azul que dice "Médicos Quimono y Quijotesco al servicio de la comunidad".
Se agradece cualquier información sobre el paradero de los
dueños en cuestión ya que el susodicho perro no deja de escarbar y hemos encontrado además de las raíces del helecho un cofre con un tesoro hispánico de los tiempos del carbón de los cuales satisfechos compartiremos justa fracción, eso si, sin contar doblones de madera y otros arabescos y adornos sin valor otro aquel que el sentimental del dueño anterior que, por razones obvias, se ignora su localización.
El perro tiene un
a lengua afuera, como dos bigotes y al parecer, una hélice por cola que le da sustentación mientras se dedica a la tarea de escarbación y masticación antes expuesta.
Lamentamos no poder dar más detalles sobre el color del pelaje ni otra tonalidad exterior ya que
como todo el mundo sabe es de noche y todos los gatos son pardos pero en esta casa hemos aprendido que la sabiduría popular ha de aplicarse a todos los mamíferos por igual, que lo mismo da en este caso porque la polvareda que levanta se puede ver desde un avión y tenemos las caras como una patrulla de mineros.
Desde ya, muchas gracias.

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miércoles 28 de mayo de 2008

El gato con el paraguas de Borneo



- A ver usted, gato fino, pituco y compadrón, le pido solidaridad en este tiempo de tristeza, me han dejado afuera sin querer y no quepo por el ventanuco de la puerta. Encima es que hoy no para de llover, tengo el hocico humedecido y muchas ganas de comer.
Veamos si no hay espacio bajo ese hongo de papel para otro mamífero casero, obediente y como usted, franco y sincero.
- Lo siento mucho mi amigo, es que este es un paraguas muy pequeño que me mandó mi abuelo de Borneo en una encomienda muy paqueta con estampillas adhesivas todas escritas en siamés. Me temo que por más que quisiera no cabríamos los tres. Desconozco el egoísmo, soy mas dado al altruismo que es ayudar a todos sin dudar, pero créame que los dos juntos no cabemos y se va a tener que mojar igual.
- Aunque fuese un cucurucho de papel con usted yo lo compartiría, me parece que ni modales le han enseñado, gato egoísta, ególatra, egocéntrico, lo importante es compartir el guiso y no el tamaño del plato.
- No es justa la premisa, a mi no me cabe esa camisa, camino por cornisas pero siempre apunto bien, usted no me conoce y yo humildemente le respondo, el paraguas es chico y yo soy gato de principios solidarios.
- Entonces hágame un lugar aunque sea de costado, aunemos nuestras penas en este día extraordinario, que se han abierto las puertas del cielo y solo nos protege su paraguas milenario.

- Esta será la primera vez que un perro y un gato compartan por un rato idéntico refugio, acérquese nomás y mientras llegan sus dueños lo rescato, que por más que seamos diferentes la tarde se ha hecho mar y no puedo dejarlo a usted como un náufrago flotando. Primero por mamífero sin plumas, segundo por que habla bonito y con felina floritura.

Gato y perro, perro y gato se quedaron conversando con rima y con encanto haciendo tregua por un rato mientras se iban prendiendo las luces amarillas de la calle y pese a mojarse las puntas de las colas y las almohadillas de las patas evitaron así pescarse un resfríado, y a veces cuando se cruzan mantienen como excusa el odio milenario pero uno maulla de mentira y el otro ladra de costado.