
- Buenas -dijo un perro - deme todo esto de letras - y puso sobre el mostrador como diez kilos de monedas.
_ Buenas sean para usted y su jauría - dijo el perro almacenero, educado y anticuado, con monóculo, chaleco, bigote engominado, el pelo raya al medio, una flor en el ojal, los pantalones bien planchados, los zapatos como dos berenjenas frescas de verano, un pañuelo perfumado y un reloj suizo con cadena haciendo que daba la hora hasta las ocho y cuarto.
- Todo esto de letras - repitió el perro, más bajito que el mostrador, inquieto y agitado, la cola de acá para allá como un látigo de elástico llevándose todo, perro y rabo, dos baldosas para acá, dos baldosas para el otro lado.
- No me va usted a creer - dijo el almacenero - pero no me queda ya, ni una letra del abecedario.
- Nada? - dijo el perro confundido.
- Nada. Pero tener tengo números, los que usted quiera.
- No me sirve, qué desgracia! - aulló el perro - Hoy, justamente, tengo un concurso de talentos!
- Pero nada de nada? - insistió casi llorando, los ojos como platos de sopa de mariscos.
- Nada, no me ha llegado el pedido, sólo tengo números, la cantidad que usted quiera! Infinitamente se los ofrezco con descuento, en variadas cantidades agrupados, numéreme usted la magnitud precisa.
- Nada?
- Nada!
- Pero ni rasqueteando del fondo, nada, ni una coma, ni un poquito, ni un suspiro, una ristra agarradita de letras, palabritas, letras sueltas, la etiqueta de las cajas con sus letritas negras informando las pesas y medidas, no le queda nada en los cajones, en el depósito, la casa matriz, sucursales anexadas, socios vitalicios, empresas hermanadas, cadenas distribucionarias, gremios agrupados, mercados de ultramar allende con sus barcas y marinos enrolados?
- Nada.
- Si es así, deme un kilo de números que algo ya se me va a ocurrir.
- Romanos?
- No, deje, para qué los quiero.
1 comentarios:
Buenisimo!
Inauguroles los comentarios.
Me encanto, se lo leere a mi sobrinito en mi proximo viaje.
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