
En la vida de origami soy un perro. Al principio era verde, marmolado, pero me he puesto un poco amarillento. Mis pulgas son de cartulina y crêpe, se esconden en los pliegues de mi piel cuadrículada y, por no andar rompiéndome, poco me rasco. Mis uñas no hacen ruido cuando voy por las casas sin baldosas, nadie sabe cuando llego; no araño las puertas para entrar, ni muerdo los sillones cuando entro, pero sí me llevo las alfombras de glasé para poder dormir sobre desiertos de papel de lija.
Tomar agua yo no puedo, ni andar escribiendo en los árboles mis mensajes más secretos o las noticias más escandalosas de otros perros. Huelo nomás todo de lejos, camino recto, derechito y para doblar hago una curva, tengo un hocico con doblez, seco y calentito, mis ojos no se ven, las orejas siempre en triangulito y con esta boca hablo todo en chiquitito, ladrar casi no puedo y la lengua se me vuela con el viento.
No sueño con mares ni barquitos, porque me despierto hecho un engrudo; le escapo al rocío, a las lupas y, para dormir, por miedo a desarmarme, nunca me enrosco.
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada