lunes, 23 de marzo de 2009

El perro azul en la luna blanca en el espacio negro.


El cielo es azul, el espacio es negro y la luna es blanca. Y en la luna blanca vive un perro azul.
Esto es así por ninguna razón aparente. Pero en el espacio tiene que haber una explicación
científica porque el espacio, aún estando vacío, desafía toda explicación. Por eso tenemos que explicarlo.
Digamos que al perro azul esto poco le importa. Lo único que le importa al perro
azul que vive en la luna es caminar de un lado al otro. La luna está hecha de un material blanco o gris que a veces se deposita en grandes superficies planas y tiene la consistencia de la harina antes de hacer las tortas fritas o el engrudo. Otras veces es solamente roca. El perro sabe que si camina por la harina sus patas apenas hacen ruido, un ruido apenas como cuando uno camina por la arena.
No hace falta ir al mar para pisar la arena, en realidad no hace falta ir a ninguna playa ni tampoco caminar cinco cuadras hasta la plaza, simplemente basta con ir a la arena del vecino, ese que se está construyendo una habitación nueva en la terraza, y caminar por la pequeña montaña que le ha dejado un camión esta mañana. Es exactamente como caminar por la luna, al menos por la parte blanda.
Por la parte dura las patas del perro hacen el mismo ruido que puede hacer un perro caminando por las baldosas en un patio de la Tierra, en este aspecto no hay casi diferencia, aunque cualquier científico podría argumentar que en la luna no existe atmósfera por lo tanto el único ruido que produce el perro existe en nuestra propia imaginación, que está adentro de la cabeza.
Esto está muy bien y puede muy bien ser cierto, pero al perro azul poco le interesa.
Además yo he sabido de un científico que de día trabajaba en un laboratorio escribiendo teorías de lo más interesantes y científicas y por las noches escribía cuentos sin razón y le leía otros cuentos más increíbles a sus sobrinos, los hijos de su hermana, y vivían todos muy contentos sin ninguna preocupación y no por andar pensando cosas no científicas empezaban a flotar o a dejar de estar fuera de las leyes de la naturaleza.
Lo mismo para el perro azul, se encuentra tan sujeto a estas leyes que todo lo que podamos decir sobre él es cierto y al mismo tiempo tan increíble que nos ayudará a pensar dos veces las cosas que decimos antes de decirlas.

Pero el perro azul existe, leyes de la naturaleza o no, y su principal propósito en la luna es la de servir de hogar a las pulgas espaciales. El perro camina por la luna, las pulgas caminan por el perro y todos se agarran como pueden para no salir a flotar por la galaxia.
Esa es en realidad la versión de las pulgas que son perrocentristas, creen que todo gira en torno al perro ya que, afirman, la cola también gira en torno al perro y el perro, a su vez, gira en torno al perro cuando se persigue la cola.
Las pulgas tienen también pulgas de ciencia con guardapolvos blancos que escriben todas estas teorías en pizarrones negros con tiza blanca y, de paso, escriben cálculos para medir la circunferencia del perro.
Todo esto es cierto pero, como diría el científico del laboratorio, totalmente irrelevante porque las pulgas ignoran que están todos juntos en la luna, no sospechan que están en el espacio y no tienen ni idea de que lejos, en la Tierra, hay otros perros y otras pulgas con, a lo mejor, otras ideas. En este caso las ideas de las pulgas no son tan importantes porque no afectan de ninguna manera al perro. El perro azul bien podría no tener ninguna pulga e incluso se rascaría más contento.
El perro azul da vueltas por la luna buscando un hueso que no puede encontrar. Hace tanto tiempo que el perro azul vive en la luna que ya se ha cansado de escarbar y de cavar y de remover harina lunar y arena espacial y de apilar rocas de un lado y piedras del otro. Esos son los mares de la luna (la cara y el dibujo del conejo que vemos sobre la superficie irregular del satélite), todo el desastre que ha dejado el perro buscando el susodicho hueso.
El problema es cuando vuelva el dueño y encuentre semejante desparramo. Vamos a enterarnos de que el dueño ha vuelto por cómo corre y se escapa el perro y deja una blanca polvareda como un estela saliendo de la luna sobre el cielo, sobre el fondo del espacio negro.
El hombre de ciencia podrá decir mientras hace su trabajo en el laboratorio que el perro azul que anda por la luna no existe, porque la luna en realidad no tiene dueño y no hay nadie que se haya ido a hacer ningún mandado y que, en todo caso, si fuera alguien responsable debería haber dejado al perro atado o con correa.
Esto muy bien podría ser verdad y hasta digamos que ser cierto, pero tengo una prueba para constatar la veracidad de mi historia, de que en la luna anda un perro azul y suelto, y es que todo es cierto porque tengo un millón de testigos:
todos los perros que ladran de noche hacia la luna, porque saben que allá arriba anda un perro azul que, cuando no anda ocupado en sus trabajos, mira para abajo y les devuelve, uno por uno, los ladridos.

6 comentarios:

Malen dijo...

Qué lindo!!! Me encanto! Qué bueno que vuelvan, aunque pase mucho tiempo.

Piripiquia dijo...

que lindo!! me gusto mucho.......... me encanta como escriben!!!

Luciano dijo...

Gracias Malen, gracias por pasar, ya veremos de publicar más.

Me alegro de que te guste Piripiquia, también tus creaciones son muy lindas.
Saludos.

Tamara dijo...

Que bueno el dibujo!! Tan solito ahí arriba...
Y que buena la historia, me voy a mirar la luna, a ver si encuentro el desparramo...

Luciano dijo...

Tamara: Está muy bueno el dibujo.
Sacá el telescopio!

Elena Ospina dijo...

Genial este blog
Seguiré pasando, café en mano
Un abrazo