viernes, 1 de mayo de 2009

El monstruo del frío.


Otra vez han decretado la llegada del invierno que es un monstruo con mil colas que descansa en el sótano debajo de casa más o menos unos meses, incluyendo la primavera y el verano y un mordisco del otoño.
Se ha cortado la calefacción del viejo edificio que crujió con un suspiro de ladrillo, como si fuera a quebrarse al darse por vencido despúes de otra fragua bajo la nieve, la lluvia y el granizo contra el yunque del viento. Es el mismo estremecimiento o escalofrío que siente uno cuando no quiere ir a la escuela y le sacan la frazada de un tirón.
Pero, como hemos dicho, habita el monstruo del frío en sus entrañas, las del edificio, que es decir el sótano y las bicicletas, los guantes y las raquetas siempre tiritando a pesar de que arriba la gente ya ha cerrado las ventanas y la poca luz tibia se cuela con millones de partículas cuando alguien sacude un almohadón y los gatos descansan amodorrados tras los vidrios.
Los perros son más de dormir al ras del suelo y además algo raro huelen porque no confian en los cambios de estaciones tan precisos. Los olores de la primavera no se han destapado y ellos lo saben porque el aire es la avenida de los olores, así como el agua lo es para los peces que nadan y flotan y van de un lado a otro como van los perfumes de los brotes nuevos de los tilos del parque a tu casa, o de la plaza al parque, o de la calle a la ventana.
De noche el monstruo del invierno se disfraza de fantasma y trepa por las escaleras con sus manos viejas y deja un rastro de escarcha y telaraña. De a poco se va volviendo tibio, pero no tanto como para esfumarse. Nadie se levanta descalzo todavía por temor a enfriarse la panza, a sentir el mismo escalofrío que te hace volver corriendo al ovillo caliente de la cama y taparte la cara con la frazada, por las dudas, aunque no sirva de nada.
A veces el monstruo-fantasma se mete por abajo de la puerta y por eso las madres andan montando guardia armados con capas extras de abrigo, pero cuando la guardia sueña o es muy temprano en la madrugada (cuando se pone todo color violeta) viene el perro de hocico congelado y se sube al pie de la cama dispuesto a calentar los pies pequeños como empanadas.
Y pese que a un perro no le guste más que dormir al ras del suelo, cumpliendo su deber, un perro siempre hace lo que tiene que hacer.

11 comentarios:

Tamara dijo...

Me hubiera venido bien un perro de pequeña...
Muy tiernos!! (El dibujo y el cuento)
Besos!!

Malen dijo...

Estos cuentos son como yapas, que no esperas y te quedas agradeciendo.
Me encanto!

Menta Ligera dijo...

Que hermoso! Se siente, es tan real la narracion que quiero ir corriendo a ovillarme en mi camita con el perro a los pies.

Luciano dijo...

Muchas gracias!

Opin dijo...

Me encantaron tu blog y tus relatos. Me picó un comentario del Gaucho Santillán y por aquí me ves, de visita.
Ya mismo te incluyo en los Blogs que sigo.
Un brazo

Luciano dijo...

Opin: este blog está un poco inactivo pero los de los dos autores no ;)
Diento de perro y El Gordo Motoneta.
Gracias y saludos!

Luciano dijo...

Opin: este blog está un poco inactivo pero los de los dos autores no ;)
Diento de perro y El Gordo Motoneta.
Gracias y saludos!

Allek dijo...

hola!
te invito a que pases por mi casa
dejare la puerta entreabierta..
te dejo un fuerte abrazo!!!

Viagem Afora dijo...

Olá , estamos divulgando nosso blog e gostaríamos de te convidar á nos visitar !!!
www.viagemafora.blogspot.com
Um abraço
Antonio & Ellen

gustavo alonso piñeiro dijo...

que sencilla y bonita historia , vivan los canidos.Un saludo

Luciano dijo...

Muchas gracias!