viernes, 16 de abril de 2010

Qué pánico escénico!


Viene un perro amante del peligro y sin dubitarlo dos veces ni pensarlo tampoco, dobla pegado a una columna y se mete, sin querer sabiendo, adentro de un cine por la puerta trasera que dá al callejón por el que venia siguiéndole el rastro a un papel de diario sabor costeleta.
Y en la oscuridad plateada atrás de la pantalla hay un monstruo enorme que espera su turno para meterse en la película de la matiné, que es cuando van los chicos y comen maní con cáscara de chocolate, si es que el padre quiere y les compra.
En fin, dice el monstruo, yo acá todo maquillado hasta los colmillos y viene este perro amante del peligro y me huele las patas (porque un monstruo no tiene pies si no andaría en zapatillas) y me hace perder la entrada a escena, el héroe se me escapa en auto,los chicos aplauden cuando deberían esconderse abajo de las butacas y esto así no puede ser, que para algo se me paga.
Pero el perro amante del peligro se queda porque nunca ha olfateado un monstruo y menos uno tan peludo ni tan fiero con olor a champú de radicheta, que le deja el pelo más monstruoso. Se sienta enfrente con ojos como faroles de colectivo sin mover la cola pero más atento que gato en pescadería o hasmter en verdulería o chico en juguetería.
Entonces el monstruo dice basta, tengo que trabajar. Se mete de cabeza en la película y empieza actuar con convicción, pero resulta que el héroe no se asusta, todos los actores se le escapan del laberinto, todo el mundo en el cine tira papelitos y se mata de la risa cada vez que gruñe o aparece de la nada. No hay caso, dice cuando se da cuenta de que el perro lo ha seguido a todas partes por toda la película, no se le puede tener miedo a un monstruo con mascota vacunada, aunque un perro es un poco como un monstruo con el que hemos hecho las paces.
Así completa y totalmente triste termina la película y el monstruo vuelve atrás de la pantalla, mutis por el foro. Se come todas las garras por los nervios pensando en que lo van a echar inmediatamente o un día de estos. Pero al rato le llega un telegrama de Hollywood donce dice:
"Se reconoce aptitud para la comedia del dúo cánido-monstruoso, ofrécese contrato con película a estrenar y departamento dos ambientes con cucha opcional y balcón mirando al mar o al río, como usted prefiera. Mandamos fotógrafo para póster, vestirse para la ocasión con mocasines."
Y como el monstruo no tiene mocasines sale corriendo a la zapatería, pero más bien contento porque va a poder dejar de asustar todos los días, lo que no está mal pero le deja la garganta a la miseria.
- Quedáte acá - le dice al perro -no te vayas todavía. Me compro mocasines, una corbata y vuelvo.
Y el perro se queda pero protesta poco convencido:
- Pucha, a mi me gustaban las de pistoleros.